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Mi historia parte 7: Mi Problema, Mi solución

Cuando estás en el centro del huracán, no reconoces la enseñanza. Estás en directo, involucrado, no ves la bendición en el problema. Ahora ya no solo la veo, también la entiendo.

Mi necesidad se convirtió en mi objetivo. ¡Objetivo del cual no sabía absolutamente nada! Pensé que tendría que hacer un curso de barbería. Lo intenté, pero de verdad que no nací con ese “Don”. No aprendí a cortar cabello, pero si logré diferenciar lo que estaba bien hecho de lo que no.



Por primera vez me fijé como me arreglaban las manos y los pies, desde el proceso, el cual solicité que me describieran, hasta los productos usados para esa labor. Tomé nota de todo.

Fui al terapeuta de masajes y en un máximo esfuerzo por no dormirme le pregunté por cada manipulación y su beneficio. Cuando me dejó solo, anoté todo lo que veía dentro de la cabina de masaje y los productos que usaba.

Me tomé tres meses paseando por muchas barberías y peluquerías, observando mobiliario, costos, producto, estilo de trabajo, cantidad de hombres que asistían a peluquerías, horas de mayor afluencia de clientes. Averigüé como era el sistema de pago, cantidad de barbería vs peluquerías, barberías dentro de peluquerías, como se comportaba el barbero dentro de la peluquería (bastante aislado, por cierto). En las noches revisaba en internet todo lo relacionado al tema. La historia de la barbería en Latinoamérica me resultó interesante. ¡Los barberos hasta sacaban muelas! Pero ese cuento se los echo en otra oportunidad.

Me dediqué a hacer un trabajo de campo, una investigación, que desde mi punto de vista no dejara nada por fuera.

Durante esos tres meses pude hallar respuestas al por qué debía de ir de un lado a otro para recibir una atención mínima de cuidado personal. Estaba frente a un tabú: “El hombre debe ser como el oso, mientras más feo más hermoso”. Para ese oso no había nada planeado, ni estructurado, nadie había pensado globalmente en las necesidades de ese pobre oso.




Seguí averiguando, preguntando, por ejemplo, de que productos disponíamos los caballeros para cuidarnos. Me sorprendí, había muchos. Solo que no se conocían. Además de shampoo, gel de afeitar, post afeitada y máquinas de rasurar, ¡había un mundo de cosmética creada para hombres! Pero no había interés en darlos a conocer. Creo que no era considerado rentable. Y así el pobre oso seguía sin conocer su derecho a estar presentable y saludable. 


Salir a la calle a averiguar lo que había y lo que necesitaba, fue una excelente opción. Recorrí Caracas de este a oeste, de norte a sur. Maracaibo, San Cristóbal, Margarita. Traté de ver y probar cómo funcionaban barberías y peluquerías en diferentes lugares del país.



Definitivamente hay una diferencia entre observar el objeto de estudio y vivir el objeto de estudio. Con la segunda opción interiorizas el conocimiento, la experiencia. 
Mi intención era hacer el planteamiento más real y acertado de una empresa que prestara todos los servicios posibles a favor de la imagen masculina. Así, empecé a armar un rompecabezas llamado Only for Men, Barbería. 



Si te perdiste la entrada anterior léela aquí: Toma todo lo mejor para ti

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