Empecé a leer cuanto blog se me atravesó por la pantalla. La diversidad de los mismos me motivó. Había blogs de todo y para todo. Desde la experiencia vivida hasta el conocimiento comprobado. Me convencí de que yo también podría tener un blog, un blog honesto y humilde. Un blog que cuente como una idea fue tomando forma, que las caídas duelen y no siempre te levantas tan rápido, que el dinero se acaba, que no siempre elegiste el negocio correcto y que las remodelaciones son una pesadilla. Un blog que diga también, que cuando inauguras y miras hacia atrás, le pides a Dios con todas las fuerzas de tu corazón que la cosa funcione. Un blog que cuente la historia de un sujeto de carne y huesos que en su juventud vendió almohadas.
Todos tenemos en nuestros genes el empuje para salir adelante. Todos nacemos con el potencial necesario, No importa nuestra apariencia, capacidades, limitaciones o recursos. Suficiente ejemplos tenemos a nuestro alcance de personas que en condiciones extremas han alcanzado logros igualmente extremos.
A través de este blog, pretendo decirle que entre usted y yo la única diferencia que hay son las ideas que están en nuestras cabezas esperando a materializarse. Y que Usted y yo somos emprendedores desde el vientre de nuestras madres.
Lee la siguiente parte aquí: Nacimos emprendedores






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